Guía completa
«Me han dicho que es el turbo.» Lo oímos a menudo, y no siempre lo es. El turbo es una pieza cara y por eso merece la pena confirmar que la culpa es suya antes de cambiarlo.
Antes de mirar el turbo
El turbo empuja aire a presión hacia el motor a través de manguitos y del intercooler. Si un manguito se abre, la presión se escapa y el coche se queda sin fuerza aunque el turbo esté sano. Lo mismo pasa con un sensor de presión que mide mal o con una válvula que no regula. Ver la ficha del sensor de presión del turbo o la del intercooler ayuda a entender por qué empezamos por ahí.
Cuando sí es el turbo
Un eje con holgura, álabes tocados o un actuador de geometría variable agarrotado son averías del propio turbo. En diésel que hacen mucha ciudad, la carbonilla puede atascar el mecanismo de geometría variable y el coche entra en modo de protección.
El calor y el aceite
El turbo gira muy rápido y se calienta mucho. Depende del aceite para lubricarse y refrigerarse. Con el calor del verano murciano y viajes largos por la A-30 o la A-7, un aceite inadecuado o pasado de kilómetros es su peor enemigo. Muchas averías empiezan ahí.
Si hay que cambiarlo
Se cambia el turbo y se revisa lo que pudo dañarlo: tuberías de engrase y retorno, filtro de aire, estado del aceite. Montar un turbo nuevo sin corregir la causa es arriesgarse a repetir la avería. Al terminar, comprobamos la presión en marcha y te explicamos qué ha pasado.