Guía completa

Cuando un coche se queda sin batería por segunda vez en pocas semanas, lo primero que suele cambiarse es la batería. A veces acierta. Otras veces la batería nueva se vacía igual, porque quien falla es el alternador, la pieza que la recarga mientras conduces.

La prueba en tres medidas

  1. Motor parado. Con un polímetro en los bornes sabemos si la batería está llena, a medias o vacía.
  2. Arranque. Vemos cuánto cae la tensión mientras gira el motor de arranque. Una caída fuerte apunta a batería débil.
  3. Motor en marcha, con y sin consumos. Aquí se retrata el alternador. Si con luces, ventilador y aire acondicionado la tensión se desploma, no da la corriente que el coche necesita.

Con esas tres lecturas se acaba la duda en pocos minutos y se evita cambiar piezas sanas.

El verano y los atascos

En julio y agosto el alternador trabaja más de lo que parece. El climatizador va a tope, el electroventilador del radiador se pone en marcha a menudo y, en los atascos de las rondas o a la salida de la A-7, el motor pasa mucho rato al ralentí, donde el alternador entrega menos. Si ya estaba justo, es entonces cuando aparece el testigo.

El calor del vano motor tampoco ayuda a las escobillas ni al regulador, y el polvo de los caminos de la huerta acaba en la correa y en las poleas.

Reparar o sustituir

Un alternador tiene piezas que se desgastan antes que otras. Si el fallo está en el regulador de tensión, en las escobillas o en la polea de rueda libre, se puede reparar y conservar el resto. Si el bobinado está quemado o los rodamientos hacen ruido, la sustitución es la opción sensata.

En coches con Stop&Start la cosa cambia algo: suelen llevar batería específica y una gestión electrónica que sube o baja la carga según la situación. Para saber si todo está bien hay que leer los datos con el equipo de diagnosis, y al montar piezas nuevas hay que respetar la referencia que pide ese coche. Si toca cambiar también la batería, conviene registrarla en la centralita cuando el fabricante lo exige.