Cada semana entran en el taller coches con un desfavorable de la ITV por cosas que se habrían resuelto con diez minutos de revisión en el garaje. La inspección técnica no es una lotería. Es una lista de puntos de seguridad y emisiones que tu coche tiene que cumplir, y la mayoría de los suspensos salen de los cuatro o cinco puntos de siempre.

Te lo contamos como si estuvieras con nosotros en el foso: qué miran de verdad y qué puedes hacer tú antes de pedir cita en cualquiera de las estaciones de Murcia.

Lo que mira el inspector (y lo que puedes mirar tú)

El inspector sigue un protocolo. No busca fallos raros.

Va a lo esencial, y lo esencial casi siempre está a la vista. Antes de arrancar para ir a la estación, dedica un rato a esto.

El alumbrado: el fallo tonto más común

La cantidad de coches que se echan para atrás por una bombilla fundida es tremenda. Cuesta unos pocos euros y se cambia en minutos, pero cuenta como fallo grave.

Repasa todas las luces, una por una. Si hace falta, pide a alguien que te ayude:

  • Posición: delanteras y traseras.
  • Cruce (cortas) y carretera (largas): comprueba que funcionen las dos y que el cambio entre ellas sea instantáneo.
  • Intermitentes: los cuatro, y no te olvides de las luces de emergencia (warning). Tienen que parpadear a un ritmo normal. Si uno va muy rápido, lo normal es que otro del mismo lado esté fundido.
  • Luz de freno: de las más importantes. Para comprobarla tú solo, aparca marcha atrás frente a un escaparate o un muro y pisa el freno; verás el reflejo. Mira también la tercera luz de freno si tu coche la lleva.
  • Marcha atrás.
  • Antinieblas: delantera y trasera. Casi nadie se acuerda de que existen, pero tienen que funcionar.

Con que se enciendan no basta. Tienen que hacerlo con el color y la intensidad correctos: una tulipa rota que deja ver la bombilla blanca en un intermitente ya es un fallo.

Neumáticos: la seguridad no negocia

El inspector se va a agachar y va a mirar tus ruedas a conciencia. La profundidad mínima legal del dibujo es de 1,6 mm. Todos los neumáticos llevan unos testigos de desgaste en los surcos principales; si el dibujo está a la misma altura que el testigo, esa rueda no pasa.

La profundidad es solo el principio:

  • Desgaste irregular: si el neumático está más gastado por un lado que por otro, hay un problema de alineación. Si no es muy acusado, queda en defecto leve. Si lo es, te lo echan para atrás.
  • Defectos: busca bultos, cortes profundos o grietas en los flancos. Eso es un desfavorable directo.
  • Homologación y equivalencia: los neumáticos montados tienen que ser los que figuran en la ficha técnica del vehículo o sus equivalentes. Y ojo con esto: los dos de un mismo eje deben ser idénticos (misma marca, modelo, medida y códigos).

El «coco» de los diésel: la prueba de gases

La prueba de opacidad es la que más preocupa, sobre todo en diésel con unos cuantos años. El inspector dará varios acelerones fuertes en vacío para medir cuánto humo negro sale por el escape.

El calor de Murcia ayuda, pero no lo arregla todo. Un coche que solo hace trayectos cortos por ciudad acumula mucha carbonilla, y aquí el consejo de taller de toda la vida sigue siendo el que mejor funciona: antes de ir a la ITV, sácalo a la autovía. Circula entre 15 y 20 minutos a un régimen alegre, entre 2.500 y 3.000 revoluciones por minuto en una marcha adecuada (cuarta, por ejemplo). Así el motor y el escape cogen temperatura y expulsan parte de esa carbonilla.

Llega a la estación con el motor caliente. Un motor frío siempre contamina más.

En los de gasolina la prueba mide otros valores (CO y lambda), pero lo de llevar el motor a su temperatura de funcionamiento vale igual.

Los fallos que no se ven a simple vista

Hay cosas difíciles de comprobar en casa que conviene conocer, porque son motivo de rechazo frecuente. Son los defectos que nos encontramos cuando subimos el coche al elevador.

  • Holguras en la dirección y la suspensión: el inspector mueve las ruedas con fuerza para detectar holguras en las rótulas o los silentblocks. Un silentblock es una pieza de goma que absorbe vibraciones, y con el tiempo y el calor se agrieta y acaba rompiéndose. Si oyes un «clonk» al pasar por un bache o al girar, es muy probable que tengas una holgura.
  • Fugas de líquidos: agáchate y mira los bajos. No debe gotear aceite, refrigerante ni líquido de frenos. Una mancha pequeña y reseca puede quedarse en leve; un goteo activo es desfavorable seguro.
  • Sistema de frenado: en la ITV meten el coche en un frenómetro que mide la eficacia y el equilibrio de la frenada en cada eje. En casa solo tienes un par de pistas: si el coche se va hacia un lado al frenar fuerte o si el pedal tiene un tacto esponjoso. El nivel del líquido de frenos en su depósito también se revisa.

¿Merece la pena una revisión pre-ITV en el taller?

Depende. Y te lo decimos sin rodeos.

Si tu coche tiene menos de cinco años, le haces los mantenimientos cuando tocan y has comprobado tú mismo luces y neumáticos, lo más probable es que no necesites pagar una revisión pre-ITV.

En otros casos sí la recomendamos:

  • Si el coche ya tiene unos años y bastantes kilómetros.
  • Si llevas tiempo notando algún ruido o una vibración que antes no estaba.
  • Si no tienes tiempo ni conocimientos para revisar lo más básico.

Una revisión en el taller te puede ahorrar el dinero y la mañana perdida de volver a la estación. Los precios de una revisión pre-ITV son orientativos y no vinculantes, pero suelen moverse en una horquilla que compensa frente a tener que pedir otro día libre en el trabajo.

Un último consejo antes de pedir cita

No lo dejes para el último día. En las estaciones de Murcia (Alcantarilla, Molina de Segura, San Javier…) las citas a veces van con demora. Circular con la ITV caducada supone una multa importante. Y hay algo peor: si tienes un accidente, tu compañía de seguros podría negarse a cubrir los daños.

No merece la pena correr ese riesgo.